Espíritu Emprendedor
Peter Shankman dirije dos compañías en la ciudad de Nueva York dedicadas al marketing y a las relaciones públicas. Ha escrito un libro titulado, “¿Podemos hacerlo?! Disparatados Trucos Publicitarios que funcionan, y Porqué tu Compañía los Necesita.”
Publicó el siguiente artículo en su blog de ayer:
¿Por qué no trabajas un poco?
Francamente, estoy bastante harto de oír esto.
Hace un par de días estaba chateando con una amiga por el messenger. Me preguntó donde estaba y le dije que estaba en el hall del hotel “W” en Times Square, esperando a tomar una copa con alguien que lleva una empresa de marketing.
“¿El Hotel W? ¡Qué vida más dura! Por favor, no puedes trabajar un poco?” me respondió. Era sobre las tres de la tarde. Lo que no sabía ella es que había cerrado dos tratos, encontrado dos empresas para anunciarse en HARO, y había conseguido una entrevista en la CNN para otro cliente. No está mal para alguien quien, según mi amiga, tenía falta de “trabajar un poco”.
No es la primera vez que he oído eso de ella, o por que no decirlo, de muchas otras personas. Es uno de los peligros de estar siempre en contacto a través de tantos dispositivos. En el pasado, he oído comentarios similares como respuestas a anotaciones en el Facebook o el Twitter que han incluido, “Conduciendo de LA a SF, he parado a repostar cerca de una granja de molinos…” o “en la sala de espera de Gatwick, comiendo un bagel” o “Singapur – vuelo de EWR retrasado. ¿Voy al Duty Free alguien quiere algo?” o “trabajando desde el rancho, esperando que carguen combustible en el avión.” lo cual es un mensaje cifrado que quiere decir “estoy atendiendo a un cliente, con mi paracaídas en la espalda y con la esperanza de que la llamada termine antes de que salga el siguiente grupo.”
Para mis detractores, (quienes no creo que hagan sus comentarios por maldad,) yo siempre respondo con “En cualquier día dado trabajo dos veces más que tu (si no más) y si te cabrea simplemente tienes que aprender a jugar mejor el juego.” Lo digo con absoluto respeto sin ningún ánimo de ofender.
Mira, hablo en mucha ocasiones sobre el hecho de padecer el Síndrome de Déficit de Atención con Hiperactividad, y como he aprendido a utilizarlo para mi propio beneficio. ¿Pero que significa realmente?
No estoy cómodo en oficinas. No me gustan los ambientes estructurados y mucho menos estar en un cubículo de despacho. La última vez que tuve un “trabajo” con “jefe” me duró apenas tres meses. Soy muy afortunado en que aprendí joven que simplemente no estoy hecho para trabajar de la manera “normal”. He tenido la perspicacia de darme cuenta y adaptar mi estilo de vida de manera que supere con creces mis necesidades y además me divierto.
Puedo trabajar donde sea. Con la tecnología a mi disposición, he trabajado en bosques, aviones (ahora mismo), el asiento trasero de un taxi y en una playa de Phuket. He enviado el HARO esperando a embarcar en un vuelo, en el metro y al lado de una piscina en una conferencia en California.
También he cerrado tratos en discotecas, bares, corriendo por Central Park alas 11.30 de la mañana de un martes. He atendido a clientes por teléfono mientras se desplazaba el avión por la pista, esperando a saltar de el en paracaídas. Una vez salí en la televisión para hablar del marketing con solo 27 minutos de aviso previo, teniendo que entrar a una tienda a comprar una camisa de vestir y una chaqueta porque iba en una camiseta sudada de estar corriendo. Sabiendo que solo se me vería de cintura para arriba, entré al estudio con camisa, chaqueta pantalones cortos de correr marca Nike y zapatillas New Balance. Me lavé la cara en el baño, me maquillaron con dos minutos para entrar al aire y el técnico casi no se dio cuenta de la etiqueta que asomaba por la manga de mi camisa! Salió perfecta la entrevista.
¿Lo mejor? Mi mayor logro ha sido que NUNCA JAMÁS un cliente me ha reprochado por no prestarle suficiente interés, ningún compañero me ha echado en cara haber perdido una reunión o me acusado de no estar al loro. De hecho, casi nunca digo a la gente donde estoy y ellos naturalmente asumen que estoy sentado en una mesa de mi despacho. Mejor. Es lo que deben pensar.
Ahora, antes de que me mandes de paseo por imbécil, desde tu mesa del despacho, entiéndeme. Esto no es tan libre y bonito como pueda parecer. Con esta libertad viene la contrapartida, cosa que deben apreciar mis amigos quienes me mandan “trabajar un poco” desde la ventana del messenger.
Es cierto que intento añadir medio día de tiempo para saltar o para ir a la playa a mis viajes de negocios. ¿Pero cuando fue mi última vacación como Diós manda sin ordenador ni móvil? Fue en Julio del 2001. ¿Y tu? ¿Quizás solo fue hace unos meses o menos? Todos los años veo fotos estupendos de mi amiga Karen cuando vuelve de Africa, Australia o algún otro sitio maravilloso donde ha estado haciendo turismo durante dos semanas – sin estar conectada. Otra amiga, Cheryl, se larga a las Fiji, o las Galapagos o Brasil o Portugal por una semana después del maratón de NYC – todos los años!
Mientras yo intento ver algo nuevo siempre que salgo a viajar, el concepto de “desconectar” es prácticamente desconocido para mi. Nunca se de donde va a surgir el siguiente trato. ¿El compañero de asiento en el avión? (En este vuelo trabaja para una petrolífera en Houston y está durmiendo) Este viaje no, pero el siguiente ¿quién sabe? ¿En el supermercado? Yo siempre llevo tarjetas encima. Que coño, inventé una empresa (y luego la vendí) basado en la idea de facilitar situaciones similares. ¿En el Bar Mitzvah de un amigo? ¿En un partido de fútbol? ¿Por qué no?
Te acuerdas de la escena de “Policía de Beverly Hills II” (lo dudo, la gente normal no se acuerda de cosas así, pero yo…) donde Eddy Murphy, de incógnito, le dice al chaval de las tarjetas falsificadas, “Si no puedes con esto, busco a otro. Yo soy un hombre de negooocios. Estos son negooocios y yo estoy moviendo.” Se mueve de lado a lado sin parar en un millón de direcciones a la vez. Yo vivo así. Estoy con diez cosas en marcha simultáneamente – y ¡me encanta! Y eso es la clave, cuando disfrutas de lo que estás haciendo ya no es trabajo. Por eso, cuando digo que no he cogido vacaciones ni me he desconectado, no estoy quejándome. A contrario, lo que digo es que si quieres vivir de manera diferente, tienes que estar dispuesto a hacer cosas diferentes de los demás.
¿Por qué no trabajas un poco? Eso es trabajo. Es lo que hago. Yo junto a las personas y hago que dos más dos iguala a cinco. No me siento tras una mesa haciendo hojas de cálculo. No muevo numeritos entre casillas A y B. No me llaman por teléfono a pedirme el informe de TPS ni tengo un jefe mirando por encima de mi hombro a todas horas. Y por supuesto que no mando un email antes de salir a tomar café con la esperanza de tener una respuesta a la vuelta. Donde esté, estoy en el trabajo. Lo que esté haciendo, es trabajar. Y no, no estoy en un cubículo, ni estoy sentado en una mesa, y por supuesto que ¡me lo estoy pasando de puta madre!
Vamos a traducir, “¿Por qué no trabajas un poco?” a lo que verdaderamente significa. “¿Por qué tu trabajo te permite volar a todas partes, tener reuniones en sitios espectaculares y por qué el mío no? Tu trabajo no parece trabajar, entonces por qué el mío si lo parece?”
Mi respuesta es, porque no lo quieres lo suficiente. Si realmente quisieras vivir como yo, asumirías el riesgo y jugarías el juego. (De hecho, realmente es un gigantesco juego). Míralo claramente. Tener un trabajo donde no eres el jefe es, pues seguro. Puede que lo detestes, puede que piensas que no tengas alternativas y puede que te gustaría explotar una bomba en tu cubículo, pero a final del día es seguro. Todos los meses te ingresan la nómina sin tener que preocuparte. No tienes que sentir la angustia diaria de pensar que vas a meter la pata y perderlo todo. Y cuando te levantas al día siguiente a las 04.30 (no porqué no puedes dormir, sino porque es la única hora del día cuando el teléfono no te persigue) podrías sonreír por haber conquistado otro día y por poder trabajar un día más. La paga mensual no está garantizada, pero el susto y la adrenalina por supuesto que si lo está.
Al final la cuestión se reduce a barreras. Algunas son auto-impuestas y otras son impuestas por el entorno. Algunas barreras dicen, “Tengo que trabajar en un trabajo para poder dar de comer a mi familia, y no asumir riesgos.” ¡Eso está bien! No hay nada de malo en ello. Pero dicha barrera también tiene su precio, y a veces puede ser muy caro. Lo siento, pero las barreras que te tienen atado a tu mesa de cubículo no son culpa mía. Verás, nunca ha entendido de barreras (bueno, ni he entendido muchas otras cosas tampoco…) Nunca he comprendido las barreras que separan el trabajo y el juego y dicen que las dos no pueden ser la misma cosa. Y debido a mi falta de comprensión, no he aprendido a respetarlas. Por eso me despidieron de la heladería cuando tenía 17 años. Después de la universidad trabajé en varias empresas y siempre me lo pasé bien. Cuando dejaba de divertirme, me iba a buscar otra cosa. Y no te confundas. La diversión es totalmente compatible con el trabajo duro. Si te gusta la tarea, trabajar duramente es super-divertido. Nunca me he ido de un trabajo por se demasiado duro, sino porque no disfrutaba de el. Son dos animales totalmente distintos. Una vez vi una viñeta de un hombre sentado en la playa con su ordenador y móvil. A su mujer le comentaba, “No soy adicto al trabajo. Yo trabajo para relajarme.”
Lo he dicho hace un momento. Me encanta mi trabajo. No entré en las relaciones públicas y el marketing porqué pensé que sería fácil, o porqué me parecía una fiesta. Honestamente me gusta contar historias y tengo la bendición de contar con cierta habilidad a la hora de contarlas. La parte emprendedor de mi carrera viene, creo, por un total desprecio hacía la opinión de los demás. Este cerebro que consiguió ganarme palizas en el instituto, por fin ha encontrado un camino capaz de expresar sus ideas y descubrir ¡que son valiosas! ¿Mola o no mola? Si sales y entrevistas a 10 emprendedores, te garantizo que casi todos ellos han sido objetos de burlas cuando eran niños. ¿Y donde están los que me hacían pasar tantos calvarios? No tengo ni idea, pero intuyo que la mayoría están sentados en sus mesas de cubículo. Si son felices, me alegro por ellos.
El problema realmente viene cuando “¿Por qué no trabajas un poco?” se convierte en “Odio que tu puedas hacer lo que yo no puedo.” Si esto es el caso, ahorra el tiempo de decirme que trabaje y aplícate tu propio cuento. Trabaja un poco y averigua porque no eres feliz. Allí está la clave y te garantizo que luego no lo llamarás “trabajo” de nuevo.
¿Quieres intentarlo? ¡Te animo! ¿Por qué no? Averigua lo que haces bien, decide como hacerlo por tu cuenta y a por ellos. No es para todo el mundo – sin duda – igual que yo no puedo soportar estar encerrado en un despacho, muchos no pueden aguantar las dudas, miedos y incertidumbres que vienen con trabajar por tu cuenta. No pasa nada. No tenemos que ser todos iguales, y un camino no es peor que otro. No estamos en una competición.
Eso es lo que no entienden muchos de mis amigos del “trabajar un poco…” Solamente tenemos que competir con nosotros mismos. Si a final del día estamos satisfechos, habiendo trabajado por otro, por nosotros mismo o algo entre medio, entonces hemos ganado.
“¿Trabajar un poco?” El 28 de Octubre hará 10 años desde que incorporé mi primera compañía. Durante los últimos 3.650 días no he hecho otra cosa que trabajar. Pero, ¿sabes qué?
Ni un solo día lo ha parecido.
2 Respuestas a “Espíritu Emprendedor”
Comentarios
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Me parece un artículo fabuloso, trabajo con niños con deficit de atención e hiper actividad, porque entiendo por experiencia que es el” deficit de atención” y es un articulo buenísimo para sus padres y maestros, gracias
Gracias por los ánimos. Un abrazo