Definición de Estrés

“Los gastos de asistencia médica son casi 50% más para trabajadores que reportan niveles altos de estrés.”

Journal of Occupational and Environmental Medicine

Ese es el resultado para las organizaciones. Y también para la sociedad. Costes enormes, insostenibles, que van en aumento año tras año. Cuando se habla de prevención de accidentes laborales y de la salud, todos pensamos inmediatamente en trágicos sucesos derivados de desprendimientos, caídas del andamio y obreros sepultados en zanjas. Puede que también pensemos en prevención de drogodependencias y revisiones médicas periódicas. Sin embargo el “cáncer oculto” del estrés avanza y avanza.

ANTECEDENTES DE INVESTIGACIÓN

Posiblemente, el término estrés ha sido manejado por la psicología, la psicopatología y la medicina con una libertad impropia del rigor científico. Cuando todos nuestros parámetros médicos han sido normales y no se han encontrado otras explicaciones a nuestro malestar se nos ha dicho: “tiene Ud., estrés”. “No debe tomarse las cosas así” “tiene que relajarse” y otras lindezas por el estilo. Seguramente después, nos han dado la baja laboral y a esperar a que se solucione.

Parece que hay un tácito acuerdo de que el estrés es algo malo, desde el momento en que su uso conceptual va indefectiblemente unido a explicaciones sobre la enfermedad y el malestar. De acuerdo con ello, suprimir los sobresaltos y las tensiones sería profiláctico, de modo que la salud estaría próxima al nirvana, a la monotonía y al aburrimiento. Los extravertidos, los amantes de la risa, el sexo, los saltadores en paracaídas y otros muchos ciudadanos a los que les gustan las emociones agradables podrían cuestionar semejante idea de la salud y declararse marginales a la medicina. (Valdés, M. 1985)

Desde Claude Bernard (1865) el pensamiento biológico se decantó hacia el entendimiento del organismo como un conjunto de relaciones al servicio de un orden mantenido por la información biológica.

La relación estrés-emoción aparece con Walter B. Cannon en 1932. Partía de la base de que el organismo era un sistema encargado de mantener el equilibrio interno u homeostasis, mediante mecanismos de feedback. Aunque inviable como modelo, se conceptualizó el estrés como reacción de alarma que suponía una relación causal entre enfermedad y ruptura homeostática. Este modelo inicial entendió el estrés como estimulación perturbadora del equilibrio interno, y por eso lo conceptualizó como sobrecarga.

Años más tarde, Hans Selye (1936, 1956) detalló los ejes biológicos a través de los cuales se ejecuta la transformación del organismo, y supuso que la secuencia de respuestas (fases de alarma, de resistencia y de claudicación) decidía si el organismo se sobreponía o no a la adversidad, cualquiera que fuese. El estrés fue entendido entonces como una respuesta específica en sus manifestaciones, pero inespecífica en su causación, ya que cualquier estímulo (externo o interno) podía promoverla. Además, tales estímulos eran amenazadores para el organismo, pero no estaba claro si lo eran para el sujeto, ya que éste podía ser ignorante de agresiones somáticas con poder estresante (por ejemplo, el inicio de una infección). De esta manera, el estrés se ha entendido como una respuesta restauradora de la homeostasis, de manera que podía hablarse de adaptación pasiva, en el sentido de que se trata de un automatismo biológico en el que no siempre es necesaria la participación (acción) del sujeto.

Hasta este momento de la investigación experimental, el estrés se entendía como una respuesta frente a una sobreestimulación o sobrecarga que recibía el organismo, pero el sujeto (su psiquis) no parecía que influyera en nada.

Hasta que Schachter y Singer (1966) demostraron en un experimento con sujetos que las emociones están muy vinculadas con las expectativas y los supuestos previos de los sujetos. Administraron adrenalina a tres grupos de sujetos y mostraron estados de euforia, de agresividad o de indiferencia, en función de lo que se les sugirió a cada grupo al inicio de la prueba. Es decir, la adrenalina circulante en los tres grupos produjo emociones diferentes en función de sus expectativas, el contexto y la evaluación de las autopercepciones, lo que dio paso al estudio de las teorías cognitivas del estrés.

Ahí entraba ya el sujeto. Su historia, sus características, sus expectativas y sus evaluaciones del entorno.

Richard S. Lazarus (1966) incluyó en su teoría el estudio de significados y habla del primary appraisal como una evaluación de los acontecimientos y de la situación en términos de significado para el bienestar personal, una especie de chequeo para ver cómo va todo. Por supuesto que habrá sujetos que difieran en sus apreciaciones y, lo que será amenazante para uno, puede ser placentero para otros. Pero hay mas; a partir de evaluación primaria, el sujeto también evalúa sus recursos y posibilidades para responder y adaptarse a los estímulos o situaciones amenazadoras (secondary appraisal). Esa desigual apreciación respecto a los propios recursos determinará también diferentes estrategias de afrontamiento (coping strategy) para adaptarse en el sentido de atenuar la sobreestimulación estresante.

En la actualidad, los modelos cognitivos del estrés forman parte de la psicología experimental derivada de la teoría de la indefensión aprendida (learned helplessness). En efecto, Martin E.P. Seligman (1981) propone variables intrapsíquicas en la determinación de la conducta. Dichas variables están relacionadas con la apreciación que hace el organismo en sus posibilidades de controlar el medio con su conducta, y se alteran de modo peculiar cuando se da un fracaso adaptativo.

Estas interesantes conexiones entre la conducta y la actividad cognoscitiva tienen lugar en un contexto de evidente desorganización funcional del organismo, de ahí que la teoría de la indefensión haya servido de marco a investigaciones sobre la depresión, la ansiedad y la aparición de síntomas psicosomáticos.

LA DEFINICIÓN DEL ESTRÉS

Por tanto, puede aceptarse que el estrés tiene lugar cuando una estimulación (una cognición amenazadora) incrementa la activación de un organismo más rápidamente que su capacidad de adaptación para atenuarla. Es decir, el estrés se sitúa entre la sobreestimulación (sobrecarga) y la acción atenuadora del organismo, que implica una estrategia adaptativa. Además el sujeto puede intervenir para adaptarse mediante las estrategias de afrontamiento (coping strategy), de acuerdo con el hecho de que el organismo se adapta a través de cuatro ejes: psicofisiológico, psiconeuroendocrino, psicoinmunológico y conductual.

Obviamente, en estos artículos nos centraremos en el aspecto conductual: lo que un sujeto hace, piensa y siente.

Seguir leyendo El estrés laboral y sus implicaciones en el trabajo.

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